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viernes, 25 de abril de 2014

Vocaciones perdidas



Cuando era pequeña quería ser profesora. De inglés. Me gustaba enseñar sobre cualquier asignatura (de letras), pero con el inglés me lo pasaba pipa. Pasaba horas y horas amontonando a mis muñecos y peluches en la cama, escribiendo sus nombres en un cuaderno, pasando lista, explicándoles les lecciones con mi pizarra, poniéndoles deberes… Volvía del colegio y antes de comer era lo que hacía: encerrarme en mi habitación y explicar la lección que tocaba. ¡Y todos aprobaban siempre! Así de buena profesora era. Con semejantes aficiones, todo apuntaba a que lo mío era estudiar magisterio, hacer oposiciones y convertirme en profesora… Pero no.

sábado, 11 de mayo de 2013

La última vez…



Aunque ya habíamos tonteado antes, nuestra historia de verdad empezó un 27 de mayo de 2007. Y, como todas las primeras veces, esta también es inolvidable. Después de mucho tiempo, y con “mucho” digo años, esperando a que llegara el día, ese 27 de mayo por fin se hizo realidad. Al verle volví a sentir ese cosquilleo de siempre y esa sonrisa estúpida se instaló en mi cara para no irse en mucho tiempo. Pero, lo dicho, ese día era diferente: íbamos a dar un paso más, el gran paso. Las horas previas estaba hecha un manojo de nervios, los cuales aumentaban a medida que se acercaba la hora. Nuestra gran cita. La primera vez.

lunes, 2 de julio de 2012

Un equipo de leyenda


Los que amamos el fútbol y somos relativamente jóvenes muchas veces nos tenemos que conformar con escuchar a nuestros mayores con cierta envidia y notando cómo se nos ponen los dientes largos hablar sobre equipos mágicos del pasado.


domingo, 1 de julio de 2012

La mejor hamburguesa del mundo


El otro día viendo Alaska & Mario, o mejor dicho viendo una de las infinitas repeticiones de Alaska & Mario, me topé una vez más con la parte en la que, estando de vacaciones en Los Ángeles, se dedican a recorrer la ciudad en busca de la mejor hamburguesa. Y ahí les vemos, a los 6 amigos dando bocados uno a uno a la hamburguesa y degustándola como si fueran catadores profesionales para terminar dándole una puntuación.

El caso es que, de repente, viéndoles entre tanta hamburguesa y tanta patata frita, me dio por acordarme de la que es la mejor hamburguesa que he comido en toda mi vida. Yo no tuve que ir buscándola como hicieron ellos, a mí se me puso delante, apareció de repente, cuando más la necesitaba, y resultó ser perfecta.

martes, 12 de junio de 2012

Cansada del mundo


Hace unos años, bastantes, vi una foto de Mrs. O de joven. La foto no era especialmente artística, pero hubo algo que me llamó muchísimo la atención: el espejo que tenía al lado. Le pregunté por él, si aún lo conservaba, y su respuesta fue afirmativa. Como el espejo en cuestión estaba ya guardado en el baúl de los recuerdos, tuve la suerte de heredarlo, y aún hoy forma parte de la decoración de mi dormitorio.

El espejo no es nada del otro mundo. No tiene un marco espectacular que haga que sea precioso. Al mirarte en él no te ves más alto, más delgado e infinitamente más guapo. Nada de eso. Es simplemente un espejo de 25x31centímetros… pero tiene mensaje. Y eso, precisamente, es lo que hizo que me gustara tanto.


miércoles, 16 de mayo de 2012

Pequeñas cosas que me hacen feliz (IX)

Sí, sé lo que me vais a decir: los objetos no dan la felicidad. Lo sé, y creo que ha quedado demostrado en otras entradas del blog donde os hablaba de las pequeñas cosas que me hacen feliz. Pero hay veces que hay objetos que sí, que nos dan la felicidad. Y el otro día yo me topé con uno de ellos.

Estaba dando un paseo con Mrs. O cuando vi de pasada algo que me llamó la atención en un escaparate. No le di mucha importancia, ni me paré a mirarlo detenidamente, pero se me quedó rondando por la cabeza. Así que al día siguiente me puse a buscar en internet a ver si eso que me había parecido ver en el escaparate era lo que yo pensaba, si de verdad eso podía existir y... sí, para mi felicidad era lo que yo pensaba. Acababa de descubrir que existen ¡¡¡los organizadores de bolso!!!


miércoles, 9 de mayo de 2012

Pequeñas cosas que me hacen feliz (VIII)


Pensándolo en frío, es bastante absurdo que el simple posicionamiento de un objeto en uno u otro lugar nos dé o nos quite la felicidad. Pero eso es así.

Fuera de contexto esta afirmación os puede parecer absurda e incluso exagerada, pero dicha en una determinada situación, creo que puedo asegurar que al 100%, estaréis de acuerdo conmigo. O, ¿acaso es lo mismo que un balón esté 2 centímetros por encima del larguero de una portería de fútbol que 2 centímetros por debajo? Lo dicho, el posicionamiento determina nuestra felicidad.


martes, 8 de mayo de 2012

Las pérdidas de la crisis


Una de las cosas que menos me gusta de la crisis, aparte de que ha conseguido que me sienta una completa inútil, es que me ha vuelto una desconfiada. No es que antes me fiara de todo, pero es que ahora no me fío de nada. Y con ese nada me refiero a nada referente a ofertas de empleo.

En una época en la que muchos pasamos años desde que terminamos la carrera hasta que conseguimos que alguien nos dé una oportunidad en eso para lo que hemos pasado mucho tiempo preparándonos, los hay que intentan sacar el mayor provecho engañando a esa gente que no consigue encontrar trabajo y que ve cómo sus ilusiones, poco a poco, se desvanecen.

Esa pérdida de ilusión viene por un lado motivada por el hecho de que, por muchos currículos que envíes y por muchas ofertas a las que te inscribas, nunca hay una respuesta. Solo se sabe el estado de la inscripción cuando entras en la web en cuestión y ves que te han rechazado... Una vez más.


lunes, 23 de abril de 2012

Pon un clásico en tu vida


Siempre he tenido la sensación de que todo el mundo escondía entre sus gustos un clásico. Me explico: imaginad que vais al cine con un amigo a ver el último estreno de acción, la película más comercial y con más efectos especiales que podáis imaginar, una de esas en las que todo sale volando por los aires, de esas que solo te dan imágenes, escenas de acción, una tras otra y con las que, durante la hora y media que duran, os podéis olvidar absolutamente de todo y no pensar prácticamente en nada. Solo recibís una información que en poco tiempo olvidaréis, nada de ponerse a reflexionar sobre cuestiones pseudofilosóficas de la vida. Absolutamente nada de eso. Pero que os entretiene, que es lo estabais buscando. Bien, entonces, en esa situación, cuando estáis viendo lo más comercial y vacío de preocupaciones que da el cine actual, vuestro amigo os confiesa que es un apasionado del cine de Kurosawa. Y vosotros, que hasta entonces solo habíais compartido con él películas de este género, porque él os lo proponía, os sorprendéis por haber estado pensando siempre que lo más profundo que veía vuestro amigo eran las películas de Steven Seagal. O ese otro amigo que siempre lleva su mp3 plagado de reggeton, pachangeo y demás, y de repente un día, al ir a su casa, veis que lo que copa las estanterías de su casa son todos, absolutamente todos, los discos de los Beatles.


miércoles, 1 de febrero de 2012

El placer de tachar cosas

De pequeña me gustaba mucho llenar papeles con tachones, dibujos geométricos que terminaba emborronando porque habían evolucionado hasta convertirse en figuras deformes. Y ahora que ya he crecido me sigue encantado esto de tachar, aunque la afición ha evolucionado y lo que ahora tacho son partes de una lista. Me gusta el placer que produce crear largas listas y ver cómo una a una todas esas cosas que había apuntado las voy eliminando. No es que sea una obsesa del control, no llego a ese nivel, ni mucho menos, pero me gusta no olvidarme de las cosas, y viendo que últimamente mi memoria está peor que antes, y tras descartar lo de comer rabos de pasa, he decidido que lo mejor para no olvidarme de nada es tenerlo apuntado. ¿O acaso a vosotros no os ha pasado nunca que encendéis el ordenador, cargáis Google –o el buscador que uséis, no es que yo quiera hacer publicidad de este– y de repente os paráis porque no conseguís recordar qué queríais buscar? Y así pasa el tiempo, os ponéis a hacer otras cosas mientras intentáis recordar, cosa que no conseguís hasta justo ese momento en que apagáis el ordenador. Pues yo, cansada de esto, he decidido que hasta la tontería más pequeña que quiera hacer, la apunto. Y, ¿sabéis qué?, la mayoría de las veces ni necesito mirar lo que había escrito. Como ese estudiante que se pasa la tarde haciéndose chuletas para un examen y al final ni las usa porque se lo ha aprendido todo en el proceso.


domingo, 29 de enero de 2012

Y tú, ¿qué quieres hacer antes de morir?

La otra noche cambiamos las habituales sesiones de cine en casa cargadas de comedias románticas por películas de otro género. Sí, el amor también estuvo presente con Expiación, pero la trama no era tan evidente como con las otras. Y la segunda película ya hizo que cambiáramos del todo. La opción elegida fue Ahora o nunca, una comedia con tintes dramáticos en la que dos hombres enfermos de cáncer (Morgan Freeman y Jack Nicholson) que comparten habitación en un hospital terminan compartiendo algo más: sus ilusiones.



jueves, 26 de enero de 2012

Pequeñas cosas que me hacen feliz (VII)

Desde hace unos meses, y por casualidad, en mi casa se instauró una pequeña tradición. Bueno, más que en mi familia, la tradición la llevamos a cabo mi madre y yo, y consiste en lo siguiente: cada jueves, después de comer y de recoger la mesa, encendemos el ordenador (si es que no está ya encendido a esas horas), entramos en la web de Marca y vemos el capítulo de Marcatoons de esa semana. Es una tontería, algo muy breve, apenas 2 minutos, pero es algo que sabemos al 100% que nos sacará una sonrisa y alguna carcajada. Sí, dentro de los 1440 minutos que tiene cada día, o de los 10080 que hay en una semana, tenemos asegurado que por lo menos dos van a ser muy buenos y va a merecer la pena esperarlos semana a semana. Y, por si fuera poco, el tiempo que empleamos después en recordarlos son más minutos de felicidad que añadimos a la lista.


sábado, 24 de diciembre de 2011

Querido +1


Internet tiene cosas que para mí son un misterio, y eso sin profundizar demasiado. Hay cosas sencillas que no sé cómo funcionan, bien porque aún no me he informado de ello, porque no sabía que se podía hacer o porque son tan complejas que es preferible no profundizar demasiado en ellas y ocupar la memoria con algo que me sea más útil y práctico para lo que de verdad necesito. El caso es que, al igual que hay veces que descubro, por ejemplo, aplicaciones que desconocía, hay veces que me surgen dudas que no sé cómo resolver. Pequeños misterios que tal vez con algo más de maña podría responder en cuestión de minutos, pero que dado mi desconocimiento del tema, se quedan ahí.


martes, 20 de diciembre de 2011

La delgada línea del amor al odio (III)

Una vez más me ha vuelto a pasar. Y, al contrario de las dos veces anteriores (esta y esta), esto es más reciente.

¿Alguna vez os ha pasado que todo el mundo habla de un actor, cantante, libro, película o demás y vosotros no le encontráis la gracia por ningún lado? Intentáis darle una oportunidad, pero nada, vuestra opinión sigue igual. Y de repente, un día, empezáis a ver que tiene algo, que tal vez no era tan malo como os parecía y que, por mucho que os cueste admitirlo, os gusta. Pues, esta vez, quien me ha hecho traspasar esta delgada línea ha sido un actor, concretamente Gerard Butler.


domingo, 21 de agosto de 2011

La delgada línea del odio al amor (II)


Los más avispados del lugar se darían cuenta de que hace dos entradas, cuando os contaba cómo apareció mi amor por el fútbol, al lado del título se hacía referencia a una más que posible segunda entrada con una temática similar. Y sí, aquí está. Y es que no es el fútbol lo único que hubo un tiempo que odiaba y sin lo que ahora no podría vivir.

En este caso no os hablaré de deportes sino de otra de mis grandes pasiones: la música. Esta siempre ha ocupado un lugar privilegiado en mi casa. Una de las primeras cosas que hago al levantarme es poner música, muchas veces entro al salón y está mi padre en el sofá con sus auriculares, hay unas cuantas canciones que escucho ahora y me recuerdan a los viajes en coche que hacíamos cuando era pequeña a Madrid. Pero no penséis que odié la música, mi odio estaba focalizado en un grupo en concreto.


lunes, 11 de julio de 2011

La delgada línea del odio al amor (I)


Teniendo en cuenta la fecha que es hoy, creo que es bueno momento para contaros algo: de pequeña, odiaba el fútbol. Quizás os parezca algo de lo más normal, una niña a la que no le gusta el fútbol, pero los que me conocéis ahora seguro que tardáis un tiempo en pensar en mí sin el fútbol en mi vida.

Desde pequeña he vivido rodeada de futboleros. Mi abuelo, socio del Logroñés; el otro, quinielista y de los que veía todos los partidos que pusieran, y gran parte de mis tíos, enamorados de este deporte. El gen del fútbol se saltó a mis padres, a ellos les picó más el gusanillo del ciclismo, así que lo normal en mi casa eran las largas tardes de verano pegados a la tele viendo las inolvidables carreras de Perico y las victorias de Indurain en la ronda gala. Yo, para tocar las narices, decía que era fan de Virenque, y cada vez que le veía terminar el Tour en el podio con su maillot de topitos, era feliz. Y es que para mí el Tour terminaba así: Indurain de amarillo, Virenque como líder de la montaña y Jalabert con el verde de la regularidad. No sé si esto de repitió muchas veces, pero a mí se me quedó grabado así.


lunes, 23 de mayo de 2011

Pequeñas cosas que me hacen feliz (VI)

En mi última entrada os hablaba de Eurovisión y, dentro del post, de uno de los participantes. Concretamente, los británicos Blue.

Muchos igual no les conocéis. Son un grupo de cuatro ingleses formado en el 2000 y que en 2005, tras publicar 3 discos y un grandes éxitos, decidió darse un descanso para lanzarse cada uno en solitario. Y ahora, 6 años después, se han vuelto a unir.


lunes, 2 de mayo de 2011

Pequeñas cosas que me hacen feliz (V)

El otro día vi esta noticia. Para ahorraros el tener que darle al enlace y leer, os hago un breve resumen: según un estudio, al enviar un tweet se libera oxitocina, la misma hormona que se genera al dar besos, caricias o abrazos. Y esto pasa más en las mujeres.

Ni qué decir tiene que me parece una tontería. No digo que no se libere dicha hormona, pero una cosa es que se libere en las mismas cantidades, y otra comparar dichos hechos. El final puede ser el mismo, pero el proceso cambia. Y mucho. ¿O me vais a decir que sentís lo mismo al recibir un beso o una caricia que al teclear una serie de letras y dándole a enviar? Igual el problema es que tengo quitada la vibración del móvil al darle a ciertas teclas y la clave está en eso, en sentir ese cosquilleo en la mano al pulsar 'enviar'.


domingo, 6 de febrero de 2011

Pequeñas cosas que me hacen feliz (IV)


Las pequeñas cosas de la vida son esas que nos hacen realmente felices. Y no, no me estoy refiriendo a un pequeño yate, una pequeña mansión y similares, que os conozco, bribones. Me estoy refiriendo a una minúscula cantidad de nitrocelulosa mezclada con plastificantes y copolímeros de vinilo, o lo que es lo mismo: esmalte de uñas.

Y es que un gesto tan tonto como pintarse las uñas en mi caso se convierte casi en un ritual. Guardo los botes en el frigorífico para que no se sequen, elijo el color según el estado de ánimo que tenga y lo que vaya a hacer esos días, y cuando lo tengo decidido, doy cuidadosamente una capa de esmalte transparente y otra de color sin salirme de la uña… cosa que nunca consigo y termino siempre pintándome hasta los nudillos (¡cuánto echo de menos en ese momento el ser ambidiestra!). Y aunque pueda parecer una mera cuestión estética, la verdad es que me anima ver 10 puntitos de color al final de mis manos (bueno, eso y que tengo las uñas algo débiles y nunca viene mal una capa de esmalte fortalecedor, que si no se me rompen y termino con más arañazos que si viviese con 50 gatos).