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lunes, 4 de agosto de 2014

Confesiones impopulares (XIV)

No ve voy a andar con rodeos: no me gusta el verano. Y por verano entiéndase esa obsesión generalizada por ir a la playa, a la piscina, o ponerse moreno. Especialmente esta última.


viernes, 25 de abril de 2014

Vocaciones perdidas



Cuando era pequeña quería ser profesora. De inglés. Me gustaba enseñar sobre cualquier asignatura (de letras), pero con el inglés me lo pasaba pipa. Pasaba horas y horas amontonando a mis muñecos y peluches en la cama, escribiendo sus nombres en un cuaderno, pasando lista, explicándoles les lecciones con mi pizarra, poniéndoles deberes… Volvía del colegio y antes de comer era lo que hacía: encerrarme en mi habitación y explicar la lección que tocaba. ¡Y todos aprobaban siempre! Así de buena profesora era. Con semejantes aficiones, todo apuntaba a que lo mío era estudiar magisterio, hacer oposiciones y convertirme en profesora… Pero no.

martes, 1 de octubre de 2013

Sí, al final crece, pero…



“Ay, no que quejes, que al final crece.”


Tengo una relación amor-odio con mi pelo. Supongo que como el 90% de las mujeres del mundo, si no más. Pero con el tiempo he ido consiguiendo que el amor reine entre los dos… Hasta que llega el temido momento de ir a la peluquería.

martes, 17 de septiembre de 2013

Las paranoias compartidas son menos paranoias



Lo confieso: mi vida social últimamente está bajo mínimos. Es lo que tiene estar en paro, que los pocos trabajos que hagas los realices a través de internet en el ordenador de tu casa y que parezca que todo el mundo a tu alrededor tiene trabajo o esté a cientos de kilómetros de ti. Lo dicho: escasa o nula vida social. Y eso, para alguien con tendencia a comerse la cabeza en exceso (overthink que dirían los ingleses), bueno no es. Pero de repente llega el servicio de empleo, ese al que tanto te han insistido en que te apuntes y que tan pocas cosas te ha ofrecido en todo ese tiempo, te avisa para que te apuntes a un curso. Y aunque no te parece una maravilla, la promesa de un posible empleo hace que no lo dudes un momento: te apuntas. (Lo sé, no suena creíble, algo sí que lo dudé, pero ya sabéis… overthink…) 

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Para que no nos quede un “¿y si…?”



Hay veces que la vida nos pone ante situaciones en las que debemos decidir en cuestión de minutos algo que puede resultar vital para nuestro futuro. “¿Lo hago o no lo hago?” Deshojamos la margarita mientras pensamos la lista de pros y contras que puede acarrear esa decisión.

viernes, 1 de febrero de 2013

Silencio...

Hay un proverbio indio que dice: "Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que el silencio". Así que yo me apliqué el cuento y, trayéndolo a este terreno, pensé que, ya que lo que tenía que escribir no iba a mejorar la ausencia de entradas en el blog, era mejor no escribir nada.

lunes, 15 de octubre de 2012

El salto



Ayer por la tarde, hora española, fui una de los millones de personas que en todo el mundo estaban pegados a sus televisores viendo a un loco saltar desde 39 kilómetros de altura. Al principio dudaba de si hacerlo (dudaba yo de si verlo, no él de si saltar, quiero decir) puesto que dados los riesgos que asumía el saltador (incluyendo la muerte), me daba cosa ver en directo que pasara eso. Pero después pensé que no, que si todo salía bien quería poder decir en un futuro que yo había estado ahí pegada a la tele, con el estómago encogido, viendo cómo Baumgartner entraba en la historia.

martes, 11 de septiembre de 2012

El dilema de la bolsa de los regalos



Seguramente todos en algún momento de vuestras vidas habéis tenido que comprar un regalo en grupo, bien sea para uno de vuestros amigos, un compañero de clase o un colega de la asociación de amigos de la pesca de altura. Probablemente el proceso ha sido algo similar a esto: plantear el hecho de que hay que comprar un regalo y pedir ideas; ponerse de acuerdo en qué comprar e ir a buscarlo; comprarlo y entregárselo con la esperanza de que le guste.

domingo, 22 de julio de 2012

Confesiones impopulares (XIII)


Al servicio, en soledad.

Nunca he entendido esa tendencia de muchas mujeres de tener que entrar al baño acompañadas. Reconozco que cuando me han llegado emails con largos textos dando explicación a ese hecho me he sorprendido a mí misma asintiendo con la cabeza ante la realidad con la que venía descrita la situación, pero aun así, me mantengo firme: no me gusta ir al baño acompañada. O mejor dicho, no me gusta entrar al baño acompañada.

miércoles, 11 de julio de 2012

El peligro de la zona de confort


Hace unas semanas me enviaron un mensaje del servicio de empleo para que fuera a una charla sobre emprendedores. Mi primera reacción al leerlo fue: “tengo mejores cosas con las que perder el tiempo, no voy”, pero después le estuve dando vueltas y pensé que no tenía nada que perder, salvo alguna hora de sueño por tener que madrugar para ir, y que últimamente están un tanto tiquismiquis, así que mejor no arriesgarse.

El caso es que al final fui y resultó ser una gran idea. Ir a una charla que ofrece optimismo, en estos tiempos, no es para nada una pérdida de tiempo. Como os he contado alguna vez, estoy ya saturada de malas noticias, de gente quejándose… como si no tuviera suficiente con mi propio pesimismo como para tragarme el de los demás. De forma que estar durante una hora aproximadamente escuchando a alguien que te da buenas ideas, que te habla de proyectos que sí están funcionando, que te anima a progresar, es una de las mejores cosas que he hecho últimamente.

domingo, 1 de julio de 2012

La mejor hamburguesa del mundo


El otro día viendo Alaska & Mario, o mejor dicho viendo una de las infinitas repeticiones de Alaska & Mario, me topé una vez más con la parte en la que, estando de vacaciones en Los Ángeles, se dedican a recorrer la ciudad en busca de la mejor hamburguesa. Y ahí les vemos, a los 6 amigos dando bocados uno a uno a la hamburguesa y degustándola como si fueran catadores profesionales para terminar dándole una puntuación.

El caso es que, de repente, viéndoles entre tanta hamburguesa y tanta patata frita, me dio por acordarme de la que es la mejor hamburguesa que he comido en toda mi vida. Yo no tuve que ir buscándola como hicieron ellos, a mí se me puso delante, apareció de repente, cuando más la necesitaba, y resultó ser perfecta.

sábado, 16 de junio de 2012

Los fregaos se ponen a 100


No, tranquilos, no os voy a hacer una entrada porno ni os voy a hablar de motor… aunque todo podría ser. Simplemente, los fregaos se vuelven centenarios.

Cien entradas y, sinceramente, sigo sin saber cómo. Echo la vista atrás y no me creo que os haya contado 99 cosas distintas. Sí, si las musas me hubiesen visitado tantas veces como me he planteado, habríamos llegado a esta cifra redonda hace muuuuuuucho tiempo, pero entre pitos y flautas, muchos fregaos se han quedado en el tintero. O, mejor dicho, en la carpeta de posibles entradas que nunca tuvieron una forma determinada ni un final decente. Digamos que están en el limbo de las entradas.

El caso es que con la tontería, poco a poco, le he vuelto a coger el gustillo a esto de escribir. No lo hago con la asiduidad del difunto fotolog (y dad gracias a dios de que no sea así porque os estáis ahorrando leer infinidad de absurdeces), ni publico muchas de las cosas que empiezan como entradas y acaban convirtiéndose en una especie de diario personal en el que desahogarme poniendo por escrito mis comeduras de cabeza. Pero bueno, lo único que quería hacer hoy era dar las gracias a quienes me animaron a crear esto aunque yo no estuviera muy convencida, a quienes os habéis dejado caer de vez en cuando por aquí, a quienes os dejáis caer con más frecuencia y a quienes habéis dejado vuestra huella en forma de comentario.

Gracias y seguiremos a por otros 100 fregaos más.

martes, 12 de junio de 2012

Cansada del mundo


Hace unos años, bastantes, vi una foto de Mrs. O de joven. La foto no era especialmente artística, pero hubo algo que me llamó muchísimo la atención: el espejo que tenía al lado. Le pregunté por él, si aún lo conservaba, y su respuesta fue afirmativa. Como el espejo en cuestión estaba ya guardado en el baúl de los recuerdos, tuve la suerte de heredarlo, y aún hoy forma parte de la decoración de mi dormitorio.

El espejo no es nada del otro mundo. No tiene un marco espectacular que haga que sea precioso. Al mirarte en él no te ves más alto, más delgado e infinitamente más guapo. Nada de eso. Es simplemente un espejo de 25x31centímetros… pero tiene mensaje. Y eso, precisamente, es lo que hizo que me gustara tanto.


viernes, 1 de junio de 2012

Confesiones impopulares (XI)

No me gusta el calor.

Nada.

Para mí la temperatura ideal está entre 15 y 18 grados. Lo justo para ir en manga corta y llevar una chaqueta por si acaso refresca. Pero nada más. Así que cuando llega esta época y veo a todo el mundo deseando calor… me siento un bicho raro.
 
Desde que tengo uso de razón nunca me ha gustado el verano. No me gusta sudar sin hacer nada. No me gusta salir de la ducha y que parezca que no me he duchado en meses porque automáticamente al salir de debajo del chorro de agua ya estoy sudando a mares. No me gusta tener que vivir pegada al ventilador (no tengo aire acondicionado como vosotros, que sois unos modernos) o al abanico cuando estoy en la calle (porque sí, yo voy con abanico, que aunque se canse la mano no veáis el gustito que da).


martes, 8 de mayo de 2012

Las pérdidas de la crisis


Una de las cosas que menos me gusta de la crisis, aparte de que ha conseguido que me sienta una completa inútil, es que me ha vuelto una desconfiada. No es que antes me fiara de todo, pero es que ahora no me fío de nada. Y con ese nada me refiero a nada referente a ofertas de empleo.

En una época en la que muchos pasamos años desde que terminamos la carrera hasta que conseguimos que alguien nos dé una oportunidad en eso para lo que hemos pasado mucho tiempo preparándonos, los hay que intentan sacar el mayor provecho engañando a esa gente que no consigue encontrar trabajo y que ve cómo sus ilusiones, poco a poco, se desvanecen.

Esa pérdida de ilusión viene por un lado motivada por el hecho de que, por muchos currículos que envíes y por muchas ofertas a las que te inscribas, nunca hay una respuesta. Solo se sabe el estado de la inscripción cuando entras en la web en cuestión y ves que te han rechazado... Una vez más.


miércoles, 2 de mayo de 2012

Instrucciones de… ¿montaje?


¿Alguna vez habéis intentado montar algo siguiendo las instrucciones? Imposible, ¿verdad? Y lo mejor es cuando se da la combinación frases enrevesadas + dibujos indescifrables. Ahí, más que el placer de montar por ti mismo eso que has comprado, aparecen las ansias por convertirte en MacGyver y saber montar cualquier cosa con un chicle. Pero, qué se le va a hacer, eso era todo ciencia ficción y, al final, los mortales tenemos que conformarnos con largos periodos de desesperación buscando piezas desaparecidas combinados con minúsculos momentos de progresión.

Pero lo mejor de todo es cuando no solo tenemos esos dibujos que parecen jeroglíficos sino que además, el texto que tenemos delante es una traducción más chapucera imposible: con palabras inventadas, frases sin un sujeto claro, mezclas de idiomas… Y con unas de esas topé el otro día. No son las mejores que he tenido en mis manos, pero sí las últimas. Eso sí, tuve la suerte de que estaba ante algo sencillo de montar, porque si no, creo que habría tenido que recurrir a la maña y olvidarme de las malditas instrucciones. Vamos a ello.


viernes, 6 de mayo de 2011

Descríbete a ti mismo

¿Recordáis aquellos deberes que nos mandaban en clase de lengua que consistían en describirse a uno mismo, y que tan absurdos parecían? Te podías pasar horas pensando en qué poner, no por no saber qué decir sino porque después el profesor te mandaría leerlo en alto delante de toda la clase. Por un lado no querías exagerar, ponerte demasiado bien y que tus compañeros pensaran que eras un flipado con un ego por las nubes. Pero por otro, tampoco era cuestión de infravalorarse y que lo aprovecharan para meterse contigo. 

Recuerdo que la última vez que tuve que hacer algo así fue en el instituto, en 1º de bachiller.
Pedían una descripción física y psicológica. Casi nadie lo llevó hecho. Yo, lo hice a medias. Pensé que si me mandaban leerla podría improvisar; total, voy conmigo misma a todas partes, así que no sería tan complicado. Viendo el exitazo de la actividad, el profesor le dio un giro. A él le daba lo mismo lo que pusiéramos, lo que quería era vez que sabíamos emplear más adjetivos que "alto", "bajo", "gordo", "flaco", "rubio", "alegre"... y nos mandó describir a otro compañero para que los demás adivinasen quién era. En 10 minutos teníamos todos las descripciones terminadas, y nos pasamos el resto de la clase riéndonos con lo que unos decían de otros.