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jueves, 28 de noviembre de 2013

El amor, esa droga



Lo dice Albert Espinosa en su último libro, y qué razón tiene:

“[L]os amores no correspondidos son la droga natural más potente de este mundo. Tanto de los que los sienten como de los que no los corresponden… Todos siempre acaban sufriendo, pero vuelven a caer en sus redes…
Hay una épica difícil de explicar: se sufre, se intenta, se sufre, se prueba… ¿Qué te lleva a desear a alguien con tanto ahínco cuando sabes que no te quiere?”

Y hay gente que cae una, y otra, y otra, y otra, y otra vez…

miércoles, 29 de febrero de 2012

Sesión de cine: One Day


Creo que después de este tiempo, si os ha podido quedar algo claro sobre mí, es que soy una llorona cuando veo películas. A la más mínima escena tierna, las lagrimillas intentan hacer acto de presencia. Y aunque muchas veces logre controlarlas y ni tan siquiera les dé tiempo a salir de los ojos, hay veces en los que me es imposible controlarlas. Aunque he de decir que estas últimas son las menos, y principalmente cuando estoy sola (ya ves tú, me cuesta horrores llorar en público por una película).

El caso es que el otro día se alinearon los planetas y cuando estaba viendo una película que en principio no parecía que me fuese a causar mucha llorera, de repente, sin previo aviso, apareció. Y una de las peores que recuerdo. Pero de eso os voy a hablar más adelante, cuando os haya puesto en antecedentes.

martes, 14 de febrero de 2012

Love is in the air... Or not


Entró en la librería como quien entra a robar un banco. Nerviosa, mirando a todas partes, analizando a todos los que se cruzaban con ella, asegurándose de pasar inadvertida, de no despertar las sospechas de nadie. A pesar de su nerviosismo caminaba con paso firme, segura de cuál era su objetivo y de dónde encontrarlo. Atravesó la sección de papelería, rebosante de agendas, estuches, bolígrafos de diferentes colores y cuadernos de todos los tamaños, para dirigirse a la cafetería, donde los clientes se arremolinaban en torno a pequeñas mesas redondas charlando alegremente. Vio que ninguno estaba solo, que la mayoría de quienes se cruzaban en su camino iban acompañados, y los que no tenían compañía estaban lo suficientemente ensimismados en sus cosas como para ignorarla. Bien, su plan marchaba a la perfección. Dobló la esquina para enfilar, escaleras abajo, la planta inferior. Todo iba mejor de lo esperado. A pesar de que creía que encontraría a docenas de niños correteando entre estanterías con libros infantiles y pequeños peluches, solo se cruzó con una madre acompañada por su hija. Podrían haber supuesto un riesgo si no fuera porque, justo cuando ella dirigió la vista a su objetivo, oyó como la pareja se disponía a acceder a la planta superior. Al fondo del pasillo solo había una dependienta atareada en introducir los códigos de una pila de libros en el ordenador. Caminó. Ya estaba ahí, frente a su meta, pero antes se volvió a cerciorar de que nadie la observaba. La dependienta seguía a lo suyo, ningún otro cliente en esa planta. Todo estaba saliendo a pedir de boca…