El otro
día viendo Alaska & Mario, o
mejor dicho viendo una de las infinitas repeticiones de Alaska & Mario, me topé una vez más con la parte en la que,
estando de vacaciones en Los Ángeles, se dedican a recorrer la ciudad en busca
de la mejor hamburguesa. Y ahí les vemos, a los 6 amigos dando bocados uno a
uno a la hamburguesa y degustándola como si fueran catadores profesionales para
terminar dándole una puntuación.
El caso
es que, de repente, viéndoles entre tanta hamburguesa y tanta patata frita, me
dio por acordarme de la que es la mejor hamburguesa que he comido en toda mi
vida. Yo no tuve que ir buscándola como hicieron ellos, a mí se me puso
delante, apareció de repente, cuando más la necesitaba, y resultó ser perfecta.